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Escritos del Siervo de Dios Doctor Ernesto Cofiño.

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El Matrimonio

Se trata de un apunte manuscrito del Siervo de Dios que permite descubrir cómo su pensamiento estaba impregnado de la doctrina de Jseucristo. El texto fue usado por us autor para explicar, en charlas doctrinales, el plan de Dios sobre el estado matrimonial; se dirigía a personas casadas o que estaban pensando contraer matrimonio.
Naturaleza del Matrimonio.
El estado matrimonial es algo muy peculiar, no es una simple sociedad o contrato. Dos seres se unen para compartir su vida: alegrías, penas, triunfos, fracasos, para ayudarse mutuamente. Eso y muchísimo más.
Es la unión de cuerpos y almas, elevadas a la categoría de sacramento por el mismo Jesucristo, con características de indisolubilidad: 2 lo que Dios ata en el cielo no lo desata el hombre en la tierra”.
Es un auténtico camino de santificación en el que los que lo contraen se santifican y santifican a otro a través de él.
Es una perversión de su finalidad centrar la unión de dos seres en su intimidad sexual, haciendo de él algo técnico, fisiológico, satisfactorio.
La fundación de una familia es la meta del matrimonio y debe ocupar el lugar primordial: procreación, salvaguarda, educación de los hijos (…).
La familia conlleve: trabajo, contrariedades, sacrificios, dolores pero… ¡con mucha alegría!, se está participando en la obra creadora de Dios.
La unión matrimonial debe ser mantenida con un amor que no se marchite con el correr de los años, que sepa guardar frescura e ilusión.
El matrimonial fundado en el amor limpio de los cónyuges es hermoso.
Los hijos son el fruto natural del matrimonio y resultados de una entrega sin restricciones. Cegar la fuente de la vida es oponerse a los designios de Dios. Tener responsabilidad en el uso del matrimonio…
Pero no es sincero que estés buscando el consejo que esté de acuerdo con nuestro egoísmo, disimulado detrás del consabido “pocos hijos para educarlos mejor”.
El hogar cristiano debe dar el testimonio de las virtudes cristianas.
Tener hijos no consiste sólo en engendrarlos, exige una tarea de educarlos pues lleva muchos años.
No hay que desviar lo que claramente dijo el Santo padre con relación a la limitación de nacimientos: fue muy claro, no admite componendas.
La indisolubilidad del matrimonio asegura la felicidad de los cónyuges, los urge a sobre- adaptarse y soportarse y es seguridad indispensable para los hijos.
Convivir, comprender, disculpar.
La vida en un conjunto tiene que llevar diversidad de opiniones que hay que saber respetar. Es lógico y comprensible que los hijos den dificultades: la labor de los padres es formarlos; un adolescente no tiene  por qué pensar como sus padres (está en proceso de maduración).
Se necesita flexibilidad y comprensión por parte de los padres –y sean amigos de sus hijos, que sepan armonizar la autoridad y respeto, que se acerquen a sus hijos, que sepan respetar su libertad-, saberlos orientar en su formación sexual.
Hay que enseñar con el ejemplo y no con la teoría: hacer lo que deseamos que hagan nuestros hijos.