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Cáncer, linfoma malt

A mediados del año 1998, a la edad de 55 años, presenté molestias estomacales y digestivas; el organismo sólo me permitía comidas blandas y líquidas en pequeñas dosis. En el curso de 3 meses, perdí 20 kilos y el médico tratante me decía que se trataba de problemas digestivos y de una  anemia ferropénica. Ante la persistencia de las dolencias, me practicaron varios exámenes de laboratorio y  una endoscopia;  como resultado  apareció un “linfoma malt”,  el oncólogo me indicó que, entre los más de 1.000 tipos de cáncer, era el único que se podía tratar con antibióticos, siempre y cuando se descubriera a tiempo. Posteriormente se iniciaría otro tipo de tratamiento.

El mismo día que me diagnosticaron cáncer, viajábamos a Ciudad de Guatemala donde residían, en ese momento, dos  de nuestros hijos. El médico me advirtió que lo más importante era que observara el tratamiento sin interesar el lugar donde me encontrara.

Fui sometido a 3 dosis fuertes de antibióticos por el término de 6 meses. Pasado  este tiempo,  me realizaron un nuevo  control general y el resultado fue sorprendente: el tumor había “desparecido  de mi organismo”,  el oncólogo, se resistía a creer lo que observaba en los resultados de mis exámenes.

Cuando ya se había corroborado  la desaparición del tumor y  sin necesidad de intervención quirúrgica, quimioterapia u otro tratamiento, me preguntó si aparte del tratamiento de antibióticos había hecho algo especial, le respondí que sí, que me había aferrado en alma y cuerpo a Dios y  a la Virgen Santísima, por la intercesión de un hombre bueno que se encontraba en proceso de beatificación y le pregunté, ¿mi curación, científicamente se puede considerar milagrosa?, me respondió: “ los médicos somos por naturaleza escépticos, y cualquier médico confirmaría que el “linfoma malt”, si  se trata a tiempo con dosis fuertes  de antibióticos, puede ceder, pero no hasta el punto de desaparecer sin dejar evidencia alguna”. Y agregó: “continúe  encomendándose a su intercesor, porque ese hombre es un verdadero santo y lo demostró con el favor que Dios le concedió”.

Mi vida transcurrió de manera normal por 7 años haciendo exámenes minuciosos periódicamente, con resultados felizmente  negativos, hasta que en mayo del año 2007, me apareció otro tipo de cáncer en el intestino: tumor neuro endocrino. El doctor me aseguró que no tenía relación alguna con el tipo de cáncer anterior.

RCM

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Cáncer, tumor neuroendocrino

En el mes de mayo de 2007, a los 5 meses de haberme jubilado laboralmente  presenté síntomas de obstrucción intestinal; fui sometido a exámenes de laboratorio,  endoscopia y otras pruebas; se concluyó en la necesidad de operarme del intestino. 

Como resultado de la intervención, me cortaron 70 centímetros de intestino y la biopsia detectó un  cáncer, denominado: “Tumor neuro endocrino” que requirió una segunda intervención  a los 2 meses para extirpar 100 centímetros adicionales de intestino. En febrero de 2008, hubo necesidad de una nueva intervención bastante delicada, para extirpar otro tumor detectado, ya que este tipo de cáncer se trata con intervención quirúrgica oportuna.  Hoy, cerca de 3 años después, los exámenes periódicos han salido con resultado negativo y me ha sido suspendido todo medicamento para el cáncer. En las dos oportunidades, he sido un paciente asintomático, salvo los malestares estomacales,  he sido considerado un paciente “asintomático”, no ha sido necesario someterme a quimioterapia, radioterapia u otro tratamiento similar; los controles han seguido periódicos (cada 6 meses) y los resultados negativos totalmente.

Soy consciente que el cáncer no se cura de manera radical, pero nunca he perdido el optimismo, las ganas de vivir, la fe, el amor por la vida ni la paz interior, esta fórmula más mis creencias religiosas y gratitud a Dios por todo lo recibido en mi y en mi familia, me hacen seguir siendo devoto de nuestro próximo beato: Ernesto Cofiño.

RCM