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Acudo a él.

A mis 73 años padezco de diabetes, hipertensión, obesidad y varios achaques. Al Doctor Ernesto Cofiño acudo en cada caso de mi salud y la de mis familiares y conocidos. Me ha ayudado en casos de operaciones, y nacimiento de una nieta. En fin, a él le entrego, para su intercesión, todos los problemas de salud en esta época en que la atención médica y las medicinas están casi fuera de nuestra alcance. Le doy gracias a Dios por ayudarme por su medio y pido por su beatificación.

E.M. de A., Honduras.

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Vendió su casa a mejor precio.

El año pasado vino de San Pedro Sula, Honduras, mi hermana. Ella estaba tratando de vender su casa desde hacía un año, sin lograrlo.
Cuando vio en mi casa una estampa del Dr. Cofiño, recordó que él había sido su pediatra y el de mis hermanas, cuando mis padres habían vivido en Guatemala.
Muy emocionada se llevó la estampa para pedirle que le ayudara a vender su casa. Al terminar la novena, no sólo logró venderla sino que por mucho mejor precio de lo que esperaba.
Está muy agradecida y convencida de la intercesión de su pediatra, el Dr. Cofiño.

B. de M.
San Pedro Sula, Honduras.

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Recuperó la vista.

Mi mamá había tenido varios problemas de la vista, (ojo seco, vitrio colapsado, etc.), un día tuvo desprendimiento de retina, fue operada de emergencia y se recuperó bien, al tiempo requirió ser operada de catarata en ambos ojos. Y comenzaron los problemas: en el ojo derecho donde había tenido el desprendimiento de retina, presentó una endoftalmitis aguda. Sucediéndole a esta varias inflamaciones sucesivas, tornándose en una inflamación crónica de la mácula con la correspondiente pérdida de visión, al mismo tiempo que la cápsula se opacó (algo esperado después de la cirugía de catarata) pero los médicos, no consideraban prudente arreglarlo con rayo láser, por temor a que una infección residual terminara infectando todo el ojo al hacer la capsulotomía.
Visitamos dos hospitales reconocidos en los Estados Unidos de América, no pudiendo encontrar solución a este problema, se intentó todo: cortizona, antibióticos dentro del ojo, etc., sin lograr mejorar el problema.
En Honduras visitamos varios médicos, se intentaron varios tratamientos sin ningún resultado, la inflamación no disminuía, llegado a decirnos el médico que lo que podríamos hacer era rezar, pues la pérdida de conos y bastones en la retina a consecuencia de inflamaciones tan prolongadas era muy difícil de recuperar, a veces irreparable.
Decidí encomendarla muy fuertemente al Dr. Cofiño, lo hicimos junto con una tía, una amiga y su hija.
Un amigo nuestro oculista que vive en Brasil llegó a Tegucigalpa y vio a mi mamá; habló de la seriedad del problema y nos recomendó e hizo los contactos, con un médico que vive en los Estados Unidos de América.
Llevamos a mi mamá a ese médico y él explicó que iría por pasos tratando de ver qué se podía hacer, empezó por darle rayo láser (capsolotomía) y todo pareció mejorar pero a los 2 días el ojo se inflamó de nuevo, le dio tratamiento por unos días no logrando nada con eso, decidió operarla, hizo una vitrectomía, acomodó el lente de la operación de catarata que se había movido y pegaba con el iris; es una operación complicada pero todo parecía bien. A los 2 días tuvo una oftalmitis aguda, infección. ¡Mi mamá no miraba nada!
Los médicos hicieron cultivos, inyectaron antibióticos, y cortizona dentro del ojo. El cultivo confirmó la infección. ( la complicación nos daría después de una cirugía de ojos). No nos desanimamos, seguimos rezando al Dr. Cofiño su intercesión.
Cuando mi mamá llegó a ese hospital ya no podía leer, ni escribir, no distinguía la dimensión de una grada con el piso. Su visión en el ojo derecho era 20-400 y en el izquierdo 20-200.
Actualmente con el derecho tiene 20-70 y con el izq. 20-35 (Un verdadero favor).
Ahora puede leer, escribir y está muy contenta.

C F de K
Tegucigalpa, Honduras, noviembre de 2000.

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Cura de un dolor de espalda.

Comencé a sentir un fuerte dolor de espalda en la zona del lumbago. No era la primera vez que me sentía mal de esa zona. De hecho, gran parte de mi vida -tengo 40 años- he tenido problemas con mi espalda. Cuando tenía 22 años fui operado de una hernia discal entre la cuarta y quinta vértebra lumbar que fue removida con éxito. Los doctores no supieron el por qué una persona de esa edad tuviera esa hernia sin haber sufrido ningún accidente o golpe. Sin embargo, luego de la operación con la terapia, el control de peso y ejercicios regulares, no había tenido una recurrencia.

Sin embargo, en diciembre de 2005, luego de un viaje de trabajo, me comencé a sentir tan mal que hasta el nervio ciático se sentía afectado y se presentaba además un adormecimiento de las piernas, sobre todo la izquierda.

Consulté con un neurólogo amigo, quien me prescribió exámenes de resonancia magnética para estudiar más a fondo las causas de los dolores y las pérdidas parciales de sensibilidad. El resultado fue que tres discos arriba del operado y uno abajo, estaban inflamados y tenían deformaciones peligrosas. El médico no descartó la posibilidad de otra operación, pero me remitió a una clínica de rehabilitación, a descanso, ejercicios, pérdida de peso y unos fuertes medicamentos.

Al cabo de unas dos semanas, ya era Navidad. Los medicamentos no me ayudaban y tuve que perderme las festividades. Sólo asistí a la Santa Misa y luego me postré en el piso. Mi esposa e hijos estaban bastante preocupados y tristes de verme así. Acudí una vez más al médico, quien prescribió más medicamentos, algunos por vía intramuscular. Éstos no me hacían efecto; de hecho me quitaron el sueño y no se veía avance más que en el dolor y la incomodidad. Ya para ese entonces no conducía y mi esposa me llevaba a ver los proyectos de construcción que mi trabajo exigía.

Luego de pedirle a Dios mucho, se me ocurrió llevar esta intención al Siervo de Dios Doctor Ernesto Cofiño. En otras ocasiones había animado a parientes y amigos encomendarle cosas, pues su vida me parece llena de santidad, era un hombre de fe y de gran profesionalismo. Les dije a mis hijos y esposa que deberíamos empezar una novena para que los medicamentos me ayudaran.

Pusimos la estampita en la refrigeradora y cada uno se apuntaba para certificar haber hecho la oración, pidiendo por su beatificación. Al cabo de un solo día, las medicinas hicieron su trabajo, me sentí mucho mejor y luego de una semana ya me sentía tan bien que manejé el vehículo.

Luego de varias semanas de rehabilitación, los malestares no se han vuelto a presentar y la operación luce cada día más remota. De hecho, no tomo más medicamentos para el dolor. Agradezco al Dr. Cofiño este favor y quería enviarlo para que más personas le pidan favores.

J C, Tegucigalpa, Honduras.
2006